Despido

Publicado el 19 de marzo de 2026, 19:24

La última vez que me preguntaron si era de ciencias o de letras, respondí: “creo que la intersección entre las ciencias y las letras no es un conjunto vacío”. Y es que, a pesar de mi gusto por los conceptos y las ideas, siempre he visto matices donde otros solo ven reglas. Yo creo, sí creo, yo creo en la magia, en la ciencia de lo inexplicable. 

Cuando escuché a Carolina hablar sobre su pavor al suspenso, sus vicisitudes en torno al fracaso y cómo aquello devino en un temor al despido al comenzar su vida laboral, no pude evitar sentirme interpelada.

El día que me despidieron era jueves y llovía con intensidad. Agradecí que el cielo me quisiera enjugar las lágrimas. En el curso de mi vida se había producido un punto de inflexión, un evento sorpresivo pero no por ello inesperado. Y me dolía como duele la confirmación de las noticias que tememos. 

Aquella tarde tuve un pálpito, una fantasía que asaltó mi mente mientras realizaba una tarea tediosa. Transcribía las fechas de un documento a otro cuando me apareció mi propia imagen enarbolando un discurso apoteósico frente a mi jefe. Le rebatía, una a una, cada impertinencia recibida en el último mes, daba un portazo y me iba para siempre. No le habría dado importancia, dada mi tendencia a imaginar y mi descontento con la empresa, de no haber sido porque a los minutos mi jefe me convocó a su despacho. “Deja el ordenador, no te va a hacer falta”, me dijo.

En aquel momento, divisé con nitidez los pasos caminados hacia mi sentencia. No estaba sino traspasando proyectos a otros compañeros, engatusada con alguna excusa rastrera, dando término a otros y documentando mi principal actividad en los últimos meses. Sentí alegría de mi clarividencia y toda la pena agolpada de quien se enfrenta a una coyuntura como aquella.

En el albor de mi vida laboral tuve que hacer frente al frío metálico del no. Sin paños calientes. Sentí de forma inmediata cómo cargaban un gran peso sobre mis hombros. Mis movimientos, ralentizados, eran erráticos y dubitativos y mi cuerpo entró en una especie de ahorro energético.

Cuando entré en el despacho, la sentencia se cumplió.