Tensiones

Publicado el 23 de marzo de 2026, 13:07

Ayer decía Cristina que agresividad y ternura son los dos polos tirantes de una misma línea. Ayer me atreví a ser. Mostré mi corazón abierto. Y de forma explicable pero pueril, el músculo quedó descontento. Porque la posibilidad de no ser única secuestró mi arte. Y entonces vino la pena que acompaña siempre a las grandes decepciones, solo que por causa diminuta. 

Tan pequeña como el eco de una vanidad que se esconde, me entristecí porque se aduló a otro. Y, para colmo, por la misma razón por la que yo deseé ser adulada. Y encima se me señaló un error. Y cuando todo se construye desde la expectativa de no equivocarse, el error es como un cuchillo, que corta y que hiere, heridas que se abren y sangran, confirmándose el temor de no ser querida. Admitiendo la posibilidad de no ser comprendida.

Y ahora, que me dispongo a encontrarme con aquel a quien quiero dar amor, algo falla. Los campos están salpicados de copos dispersos. He intentado encender el ordenador, pero no puedo. Parece haberse congelado con el frío. Eso, o que la itinerancia de los autobuses debilita esa irrealidad contemporánea de estar hiperconectado. Superada la angustia, me rindo ante un letargo que ralentiza mis ruedas. Quisiera tener el corazón más dispuesto, pero hoy me he levantado sin ganas de sonreír. Mi despertador ha sonado demasiado pronto. La alarma, estridente y arrebatada, supuraba odio. Y así, al salir de mi cama, en zapatillas, en el albor de la mañana, he sentido la urgencia de evacuar toda esa ira que me provoca el dolor. Mis sueños han conectado las experiencias 

que viví ayer, tejiendo una abrigada bufanda de punto.  Las ideas distantes se han organizado para formar un entramado simbiótico. Ya no distingo lo que sentí de lo que escuché e incorporé. Todo ocurre en ese espacio ficcional que se crea cuando uno decide creer que es otro. Y los pensamientos y emociones de ese otro se convierten en propios. 

Ahora creo y siento (gracias a Cristina) que la capacidad de mostrarse receptivo parte de una línea de amor - odio desbloqueada. Esta mañana, ha sido la inseguridad la que ha activado mi alarma y ha anulado por completo mi respuesta sensible. Como reacción al ataque imaginario de unas expectativas desajustadas, mi sonrisa se ha escondido. Y no la puedo rebrotar por el simple hecho de que la llame y le grite como a un perro en el parque. Del mismo modo en que los perros hacen caso omiso de sus dueños, así le ocurre a mi alegría. Y así seguirá siendo hasta que todo ese dolor y esa soledad latente no se vaya por el desagüe. Tienen que fluir las lágrimas, aunque no sea por la pena de no ser escuchada antaño, sino por mi inseguridad infantil de hoy. 

 

 Por eso escribo. Para depurarme. Para redimirme. Para ser libre. De mi dependencia. De su influjo. Una y múltiple.  De nuestra ambición frustrada.