Me llamaste desde este tiempo tan pagano.
La furia del dolor te hervía en los costados.
No quise, no pude, me perdí al socorrerte.
Un idiota me hizo promesas que dejé correr en tinta
fluyendo entre las rocas en aguas de escorrentía.
Folletines, recortes, montajes de la prensa amarilla.
En los meandros se fueron acumulando las páginas.
Ahora espero a que la tinta se seque,
a que haga crujir el papel.
El joven enrolló mi cuerda a la peonza
para después soltarla.
Y yo te solté a ti. Te dejé frágil, sola,
ahogándote en tus lloros
Entre las hienas que acuden al festín,
a sacar tajada del banquete.
Restos que dejaron los lobos.