Cicatrices

Publicado el 19 de marzo de 2026, 18:57

Me gusta dormir al raso en una noche sin luna

y ver cómo mi tiempo se detiene en una enana blanca

Quise ser astrónoma. 

Me gustan las estrellas, del cielo, cicatrices. 

Me gustan las cicatrices, porque soy arqueóloga.

En Mesopotamia, Cielo y Tierra 

eran dos polos de lo mismo. 

Las cicatrices me hablan como las piedras.

No me importa cómo sea su silueta. 

Me gustan llanas, me gustan curvas.

Que se retuerzan como sierpes 

o se replieguen como grutas.

Si en el perfil de su sierra 

existen valles o montañas.

Que me relaten su dolor 

o me devuelvan la palabra. 

 

Una cicatriz es una marca estática 

sin línea estética. 

Es eternidad segura, 

que no se pliega ni se subyuga.

Un hecho consumado ayer, 

que transcurre hoy y será mañana. 

Una cicatriz respira, 

hacia fuera o hacia dentro.

Es una protuberancia.

Calcita horadada por lluvia ácida.

 

La Tierra se abrió con herida de volcán en el Cretácico. 

Y expulsó sus azufres, monóxidos, cenizas, lavas. 

Yo no soy en el Cretácico, mi vida es hoy. 

Cojo un pedazo de playa volcánica. Lo sopeso.

Magma sanguinolento vitrificado sobre mi palma. 

Se hace de día. Mi sol ha crecido demasiado. 

Ahora es gigante roja.

El calor aprieta. La roca se funde

y se convierte en mancha. 

 

Una mancha es un miasma. 

Una sentencia líquida que pasa. 

De generación en generación.

Como las aves que migran, los héroes o sus hazañas. 

Como los apellidos, las recetas, la cultura, los mantras

Inacabado el epitafio.

Su acción implica movimiento. Son en tránsito. 

 

La cabeza me da vueltas. El calor es excesivo.

Y en la movilidad me aborda mi enemigo.

No es real. No es redondo. No es Tierra. 

Es plano y de pantalla. Me inunda de vacío. 

Me obliga a diluir mis cicatrices y a verterlas

por un sumidero, a un espacio sin cargas. 

Estoy sentada en la taza de un inodoro sin tapa.

Evacúo la luna, el volcán, las montañas.

Nada de lo que expulso me duele.

No siento ni el discurso ni el relieve de las piedras.

Registro en un rollo de papel lo que no me deja huella. 

Y al fin, el rollo es tan extenso, que no puedo abarcarlo. 

La alfombra es más roja que mi estrella. 

Y paro de escribir.

Y recojo el desperdicio.

Y lo tiro al inodoro.

Porque sé que vendrá el camión.

Y hará sitio a nuevas deudas.