La locomotora

Publicado el 19 de marzo de 2026, 18:50

Soy una locomotora que no sabe adónde va.

La inercia de un tren enganchado a su vía. 

Seguro bloqueado en su matriz férrea. 

Máquina forzada de la que saltan chispas. 

 

Funciono con carbón, con tizón del malo. 

Me prendo con la mecha que calienta mi silueta.

Tumulto de partículas que topan la bandera. 

Presidio abarrotado y vestido de paisano. 

 

Albergo combustiones, se suceden por segundos.

Páginas de un blog que se descorre en mi retina. 

Tan fútil como el tiempo fugado por el túnel

o el viento que levanta escarpias en mi cima. 

 

Arranqué tus notas de limón y hierbabuena.

Vorágine batida emulsionada en la desidia. 

Materia demacrada drenada por tu fístula.

Yacente y en escorzo, soy saco de mis vísceras. 

 

Mi mal no tiene anclajes. Nada lo retiene.

Ni tu súplica llorada ni tu pellizco hiriente.

No quiero que me devuelvas ni un ápice de calma.

He olvidado el respiro que me dabas cada viernes.

 

Ya no hay paisajes que existan más afuera. 

Me consumo como atmósfera extinta de pureza.

He teñido cada rincón del tedio que me afana. 

Escupo deflagraciones de muchas balas huecas. 

 

Y en toda esta catarsis de nada o servidumbre, 

un ser chillón se cuela en mi conciencia.

Es el maquinista uniformado. El rostro de una grieta.

Presencia inhumana que se acomoda en el sillón.

Violenta el volante que apunta al horizonte. 

Descarrila mi vida y me despierta el dolor.