Recordando al gran Quevedo ... (y a su ilustre enemigo, Góngora, el de la gran nariz), en su magnífico soneto A UNA NARIZ
Al gigante tiempo, que nos aplasta y nos inspira (o que nos inspira para aplastarnos luego) ...
Érase un gigante con los pies descomunales
Érase una panza que resopla por la boca
Érase una barba cuya crin el suelo toca
Érase un registro empachado en sus anales
Érase un titán que gobierna en lodazales
Érase un patrón tirando de la estoca
Érase embustero esculpido sobre roca
Érase un capataz que maltrata sus perales
Érase la elección del bizco en una ciega cita
Érase un rostro enmascarado por la cera.
Engendro despreciable que en el silbato pita.
Érase el masticar de muchas patas lisonjeras.
Pegote en los labios que frotando mal se quita
Un revuelto de hormigas bien crujientes era.